Fragmentos de "La náusea". Jean Paul Sartre
La realidad es un presente perpetuo.
Presente, nada más que presente
las cosas son en su totalidad lo que
parecen, y detrás de ellas
no hay nada
Yo me saco de la nada a
la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de
hacerme existir, de ahí la ironía y tragedia de ese paródico: existo
porque pienso.
Pero tengo miedo de lo que va a nacer, de lo que va a apoderarse e mí, ¿y arrastrarme a dónde?
Siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer.
Veo
el encadenamiento riguroso delas circunstancias. He cruzado mares, he
dejado atrás ciudades y he remontado ríos; me interné en las selvas
buscando siempre nuevas ciudades. He tenido mujeres, he peleado con
individuos, y nunca pude volver atrás, como no puede girar un disco al
revés. ¿Y adónde me lleva todo aquello? A este instante, a esta
banqueta, a esta burbuja de claridad rumorosa de música.
Ya no
veo nada; es inútil que hurgue en el pasado, sólo saco restos de
imágenes y no sé muy bien lo que representan, ni si son recuerdos o
ficciones.
Sueño basándome en palabras. Construyo mis recuerdos con el presente.
Algo
comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra
sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía,
me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los
siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es
único, irremplazable y, sin embargo, no movería un dedo para impedir su
aniquilación. El último minuto que paso en brazos de una mujer conocida
la antevíspera minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto
de amar- terminará, lo sé. Me inclino sobre cada segundo, trato de
agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada,
ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, y sin embargo, el minuto
transcurre y no lo retengo; me gusta que pase.
Y entonces de pronto
algo se rompe. La aventura ha terminado, el tiempo recobra su blandura
cotidiana. Ahora el fin y el comienzo son una sola cosa. Aceptaría
revivirlo todo, en las mismas circunstancias. Pero una aventura no se
empieza de nuevo ni se prolonga.
Para que el suceso más trivial
se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es
lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias;
ve a través de ellas todo lo que sucede, y trata de vivir su vida como
si la contara.
Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de
otra manera. No puedo describirlo; es como la Náusea y sin embargo es
precisamente lo contrario: al fin me sucede una aventura, y cuando me
interrogo veo que me sucede que yo soy yo y estoy aquí; me siento feliz
como un héroe de novela.
El pasado es un lujo de propietario.
Un hombre sólo, con su cuerpo, no puede detener recuerdos; le pasan a
través. No debería quejarme: sólo quise ser libre.
Yo no tenía derecho a existir. Había aparecido por casualidad, existía como una piedra. Mi vida crecía en todas direcciones.
¿No sería yo simplemente una apariencia?
Cuando el derecho se apodera de un hombre, no hay exorcismo que pueda expulsarlo.
Si
por lo menos pudiera dejar de pensar. Los pensamientos son lo más
insulso que hay, más aún que la carne. Son una cosa que se estira
interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de ellos
están las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin
interrupción. Sigue, sigue y no termina nunca. Yo alimento esta especie
de rumia dolorosa: existo. ¡Qué larga serpentina es esa sensación de
existir!
A veces se me ocurren
no me atrevo a decir
pensamientos. Es muy curioso; estoy así, leyendo y de golpe no sé qué
pasa, me siento como iluminado. Primero no hice caso, después me decidí a
comprar una libreta.
Cada uno tiene su pequeño empecinamiento
personal que le impide darse cuenta de que existe; no hay una que no se
crea imprescindible para algo o para alguien.
Náuseas; de vez en cuando los objetos se ponen a existir en la mano.
Las
cosas se han desembarazado de su nombre. Están ahí, grotescas,
obstinadas, y parece imbécil llamarlas: estoy en medio de las Cosas.
Sólo son palabras, sin defensa. No exigen nada, no se imponen, están
ahí.
"Un gesto en el pequeño mundo coloreado de los hombres
nunca es absurdo sino relativamente: con respecto a las circunstancias
que lo acompañan.
Ante aquella pata rugosa, ni la ignorancia ni
el saber tenían importancia; el mundo de las explicaciones y de las
razones no es el de la existencia. Un círculo no es absurdo: se explica
por la rotación de un segmento de recta. Pero además un círculo no
existe. Aquella raíz, por el contrario, existía en la medida en que yo
no podía explicarla.
Simplemente, yo no veía ese negro; la
vista es una invención abstracta, una idea limpia y simplificada. Aquel
negro, presencia amorfa y floja, desbordaba la vista. Pero esta riqueza
se convertía en confusión y al fin ya no era nada...