El mundo desde mi pecera

"Dicen que la memoria de algunos peces apenas supera unos pocos segundos. Tiene gracia si vives en una pecera: a cada vuelta, puedes descubrir y descubrir, una y otra vez, el mismo castillo sumergido. También tiene su inconveniente siniestro. La memoria del pez es tan corta que, a cada rato, debe acordarse de respirar. Toda su vida se resume en una infinita sensación de ahogo."

jueves, 14 de julio de 2011

La mujer que soy, la niña que fui.

     
     Mis recuerdos de la infancia son prácticamente nulos, solo fragmentos aislados, jugando en el jardín, en la vereda con mi hermano.. pero son solo flashes que ni siquera estoy segura de que hayan sido realmente como los recuerdo. Un instante en mi vida está grabado, recuerdo hasta los aromas, los gestos, el tono de voz, yo tendría unos 6 años, mis padres se habían separado hacía un tiempo no muy prolongado, estaba sentada en el auto de mi papá del lado del acompañante, yo quería bajar rápido porque quería volver con mi mamá, recuerdo que estaba incómoda, no quería estar ahí, pero aún era pequeña como para animarme a decir NO. Antes de bajarme del auto mi papá me repetía cuánto me quería y me insistía para que le dijera que lo quería, era pequeña pero a pesar de sentir la obligación de quererlo no pude decírselo porque al mirarlo a los ojos cuando me decía que me quería solo podía pensar en cómo me mentía tan descaradamente.
     Tenía 6 años y ya sabía que la primer persona, el primer hombre que debe amarte me mentía sin ningún problema y mirándome a los ojos. Hoy no tengo ningún tipo de relación con él, pero me pregunto, ¿hasta dónde sus actitudes influyeron en mi personalidad? Si el primer hombre que debía amarme no lo hizo ¿cómo puedo esperar que otro hombre lo haga?
La desconfianza es mi bandera, y la muralla que he puesto entre los demás y yo es cada vez más difícil de traspasar, ¿hasta dónde las palabras de mi papá que no concordaban con su total desapego emocional en sus actos, repleto de ausencias, silencios y desprecios, terminaron por convencerme de que nunca nadie me amará? Y no solo eso, sino que lamentablemente al momento de involucrarme sentimentalmente termino con alguien que hace repetir mi historia infantil, así es como termino mirando aquello que no debo, involucrándome con hombres que dicen quererme pero, como aquel día a mis 6 años en el auto, lo miro y sé que es mentira, pero entonces, porqué busco lo que ya sé que me hará daño? Masoquismo a full que me deja a veces fuera de combate.
     El tema es largo, puedo atribuir a la mayoría de mis defectos, inseguridades y debilidades raíces profundas que se fijaron fuertemente desde mi mas temprana edad pero también es una forma de no hacerme responsable de la parte que me toca.
     El asunto es echarle la culpa siempre a los padres jaja. Seguiré en otra oportunidad buscando más culpas para echarles!

Hasta la victoria, siempre!!!!!!

sábado, 25 de junio de 2011

El cielo de los leones.

¿Qué es primero, la seducción o el deseo? Quizás van alternando sus hallazgos y equívocos. ¿Tras cuánto tiempo de anhelar algo, llega hasta nuestros ojos y nos rinde como una sorpresa? Ya creemos olvidado un deseo, ya no lo acoge nuestra piel, desde hace siglos que no cerca nuestra inteligencia, y vuelve un día como un milagro, justo como si irrumpiera en el primer momento en que lo deseamos. Extraña correspondencia la que existe entre los deseos y la seducción.

Yo paso tardes enteras ambicionando la luna que abre un río de luz sobre el mar frente a Cozumel, busco el modo de hacer el viaje, de coincidir con la noche de luna llena para dormirla bajo su embrujo, marco en la agenda la mañana en que saldrá el avión y, a partir de ese momento, aunque falte un mes, ya me interrumpe en las madrugadas el afán.

Por fin llego al mar y a la puesta de sol, al pescado frito, al aire húmedo y tibio de un regazo. En la noche me tumbo a esperar que la luna vaya subiendo hasta que me duermo quién sabe a qué horas. Medio despierto a veces y la miro unos minutos, vuelvo a dormir bajo ella hasta el amanecer. Todo sale de mí, el deseo y la seducción. Yo he ido a buscarla, yo me rindo a su encanto, ella se queda impávida, y cuando vuelva a flotar sobre el agua, dentro de un mes, no extrañará mis ojos, ni mi delirio contemplándola. ¿O sí?

Si los Santos Reyes no existen, si las noches iluminadas esperándolos, si el vilo de los días previos a la clandestina llegada de nuestros padres con los regalos, si todo eso no fue producto sino del deseo de que fuera cierto, me pregunto por qué la pura fecha me seduce y me rinde a su recuerdo. Tal vez nada sea más seductor que lo que inventamos para que luego nos seduzca. ¿Deseamos una voz, la palma de unas manos, la punta de unos dedos? ¿Desde abajo hasta arriba deseamos unas piernas? ¿O es que todo eso nos sedujo mucho antes de que imagináramos el deseo? ¿Qué será?

Yo no hubiera querido un chocolate si de ellos no saliera ese olor a trópico y arrebato. Pero todo fue probarlos, ¿y qué tarde no quiero un chocolate? A cuántas pequeñas seducciones hay que negarse. Ahí está una copa de vino blanco haciéndome pensar en la risa entregada y fácil que me produce al darle dos tragos. ¿Cuándo fue que me sedujo el vino blanco? ¿Cuándo el pan, las aceitunas, el azúcar? ¿Por qué incluso el encuentro con esas seducciones tiene que controlarse?

A cada quien lo seduce un abismo distinto: yo podría ir al cine mañana y tarde todos los días, podría comer en desorden, todo lo que la edad y las razones de mi cintura quieren prohibirme, querría abrazar y abrasarme mil veces más de las que puedo. Yo me dejo caer en los recuerdos, me persuaden durante horas a la hora menos indicada.

De todos los pecados que condena la Biblia, el primero es rendirse a la seducción. Yo lo cometo a diario, no sólo para contradecir las instrucciones bíblicas, sino porque a veces cuesta vivir, y no hay como abandonarse a la seducción para encontrar, cada jornada, los mil motivos que tiene la vida para hacer que la veneremos. Todos los días nos seduce algo nuevo. El color de la tarde, la luz con que descubren el sexo los adolescentes de la casa, la inteligencia con que descifran el mundo, la falda nueva que se puso ella, la viejísima playera que volvió a ponerse él.

Cualquier mañana puede una carta convertirnos en jóvenes, cautivar nuestra índole hasta hacernos creer que la piel de los veinte años se recupera invocándola. Y ¿cómo negarse a semejante seducción? ¿Para obedecer cuál lógica? ¿Para encontrar cuál consuelo? ¿El que se cifra en el entendimiento? Sabe uno bien que se hace de noche, crecen los adolescentes, deja de haber cartas, tenemos la piel que cruza por nuestros años. Sin embargo, qué maravilla cada momento frente a la seducción del momento. Eva estuvo para lamentarlo, nunca uno de nosotros. Nunca quienes no quieren ahogarse en este tan renombrado valle de lágrimas.

Contra cada lágrima el buen conjuro de un deseo, para cada instante en que se nos agoten los deseos, el alivio y la insensatez de una seducción. A ratos, movidos por la cordura y las leyes, tendemos a acusarnos de fáciles, de excedidos, de tontos: nunca debí enredarme con las nubes, nunca cantar en público como bajo la regadera, nunca subir de golpe estos tres kilos, nunca irme a Venecia con la imaginación, nunca dormir en el piso ¿qué? del edificio ¿qué?, ¿en qué ciudad? Nunca creer en los hábitos de la locura. Nunca desafiar la sensata palabra de la sensatez.

No hay nunca que valga, y como decía tía Luisa, cielo hay para todos, hasta para los leones debe haber un cielo. Por eso nos atrapa la seducción. Porque, ¿qué es la bendita seducción, sino el sueño de que hay tal cosa como el cielo?



Mastretta, Ángeles
El cielo de los leones

Buque marron

Sucede que me canso de ser hombre...
Sucede que entro en las sastrerias y en los cines marchitos, impenetrable como un cisne de filtro, navegando en un aguo de origen y ceniza.
El olor de las peluquerias me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lanas. Sólo quiero no ver establecimientos, ni jardines, ni mercaderias, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede quq me canso de mis pies y mis uñas, y mi pelo... y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo, seria delicioso sustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de orejas. Seria bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frio.
No quiero seguir siendo raiz en las tinieblas, vacilante, estendido, tiritando de sueño, hacia abajo en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando. Comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias...
No quiero continuar de raiz y de tumba, de subterraneo solo, de bodega con muertos..........muriendome de pena.
Por eso, el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de carcel y aulla en su transcurso como una rueda herida y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empoja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterias con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas.
Hay pajaros de color del azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las caa que odio.
Hay dentaduras olvidadas en una cafetera.
Hay espejos que debieran haber llorado de verguenza y espanto.
Hay paraguas en todas partes.... y venenos.... y ombligos.
Yo... paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido.
Paro. Cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropa colgada de un alambre

domingo, 19 de junio de 2011

10 cosas que odio de mí.

MOSTRANDO LA HILACHA...

Aburrida, con insomnio y sin ganas de nada me pongo a ver esas pelis que tengo guardadas para estos momentos de desgano fatal, la peli se llama "10 cosas que odio de ti" y mientras la veo y preparo mate me pongo a pensar en 10 cosas que odio de las personas que conozco y en las 10 cosas que odio de mí; asi que acá van las mías:

1- odio preferir quedarme en casa viendo pelis o leyendo un sábado x la noche en vez de salir (x q luego debo bancarme que digan que "no disfruto de la vida (?)" )

2- odio cambiar de metas y gustos como Moria Casán de bombacha

3 - odio no poder poner deacuerdo a mis múltiples personalidades. -

4- odio tener ideales tan firmes que me llevan por caminos que me cuesta transitar

5- odio tener tantas ganas de hacer tantas cosas y tan pocas fuerzas para empezar alguna.

6- odio no saber que quiero hacer de mi vida

7- odio pensar y soñar y pensar y soñar y pensar y soñar y pensar y soñar, soñar, soñar....

8- odio ser tan fiaca para ir a la playa cuando me encanta

9- odio que sus ojos verdes no se vayan de mi memoria

10- la terrible incapacidad de poder disfrutar de las pequeñas cosas.


Y cuáles son las 10 cosas que odias de vos o de alguien más??

sábado, 11 de junio de 2011

Confesiones...

Confieso que he soñado...y he tratado de convencerme de la realidad. La de los demás.
Confieso que he creido...y hasta ese espejismo me parecia palpable. El de él.
Confieso que he vivido...y he muerto con cada una de las palabras que asimilo. Las de todos.
Confieso que he buscado...y he perdido al tratar de no perderme en el silencio. El mio.

Confieso que ha pesar de todo, sigo soñando, sigo creyendo, sigo viviendo y, aunque me duela, sigo buscando.
...Y entre confesión y confesión, se desarman mis palabras sin que nadie mas que yo las contemple, sin otra mirada mas que ésta que entiende que todo su significado subjetivo, debería ser objetivo.
Tan dificil es?

martes, 31 de mayo de 2011



Soy un mendigo de palabras... busco un consuelo escrito y eso me basta.

sábado, 21 de mayo de 2011

El espejo y sus sombras

   Una cuenta pendiente, eso es lo que este texto es. No es ni un intento de dar lástima ni victimizarme, por el contrario. Al principio creí que lo hacía por que se lo debía a quién me pidió escribirlo, pero luego me di cuenta que era solo una cuenta pendiente conmigo, porque me debo mil palabras escondidas bajo mi silencio, porque solo cuando salen a la luz y vemos su dimensión podemos hacer algo con ellas, pelear, luchar por lograrlas o por destruirlas. Esta es una cuenta pendiente con la parte de mí que quiere seguir luchando día a día y pelea con el monstruo interior que intenta devorarla cada mañana.


    Le pregunto a la imagen que me mira en el espejo:
-¿Por qué no comés?
 Ella me miró, la muy cobarde no hacía otra cosa que imitar mis gestos, no hay nada más cobarde que un espejo.
Ante el silencio, repito mi pregunta con vos más fuerte y dura:
- ¿Porqué no comés?
- Porque no tengo hambre!!, es simple, no sé porque preguntás algo tan obvio- gritó.
- Pero no se trata solo de comer porque tenés hambre, tenés que comer porque no estás bien de salud, eso es lo obvio; no estás bien y tenés que comer aunque no tengas hambre.
- Sabés que me da asco comer sin hambre, sabés que lo he intentado mil veces, que lo intento y lo intento, no me  vengas con reproches!!
- Pero intentarlo no es suficiente, tenemos que mejorar!
- Ya lo sé!!,¿te crees que yo no te veo desde acá?, del otro lado del espejo veo tu imagen flaca, y hago el esfuerzo, pero no tengo ya más fuerzas, estoy cansada.
- Ya lo sé pero...
Y dos imágenes a los laterales del espejo central aparecieron de repente. Inmediatamente me di cuenta que ellas eran diferentes a la imagen del espejo central.
- Hola!- les dije, pero solo me miraban, una con rostro de enojo, de frustración; la otra de placer, parecía estar contenta con la situación.
- Hola - repetí y la imagen enojada pegó un grito:
- ¿Sos o te hacés? - y fijó su mirada en mí.
No me animé a hablar, ella no quería escucharme, solo siguió hablando
- Tenés que comer, sos un esqueleto, ¿no ves lo fea que estás?, siempre haciendo cosas para lastimarte, siempre fracasando.Mirate, no estudiás, trabajás en un lugar que no te gusta, que has llegado a odiar, no hay nada que te guste, no tenés sueños, anhelos, gustos, ganas; sos un ente, un potus tiene más vida que vos!!.
La otra imagen, la que parecía complacida por la situación, reía a carcajadas, mientras mi imagen central y yo llorábamos a mares.
- ¿Estás triste?- preguntó la imagen sonriente- y si no hacés nada bien, ¿cómo pretendés estar?. Sabés quién soy yo ehh??, sabés?.
- No- Respondí, pero lo sospechaba.
- Ese día que te entregaron una muy buena nota cuando estudiabas Letras yo te hice tomar la desición de abandonar.
- ¿Por qué hiciste algo así?, ¿por qué me hacés esto?
- No me llores, no me conmovés. Siempre llorás cuando yo actúo por vos. Soy la parte tuya que te da lo que te merecés, y hasta ahora no he visto que te merezcas nada, por eso te saqué de Letras, porque ibas muy bien y si seguías obtendrías un título, y ¿vos te merecés un título?, no!! ¿te merecés comer? No !!.te merecés dormir? No!! y menos seguir estudiando. Estás en capilla hasta que hagas algo bien de una vez por todas.
- Pero así como estoy no puedo hacer nada.
- ¿Y antes? ¿Cuándo estabas bien? qué excusas tenías?. Sos una fracasada, y los fracasados que han desperdiciado cada minuto de cada hora, de cada día de sus vidas, no se merecen ni respirar, son muertos en vida. Vos nunca hiciste nada bien, nada bueno; siempre cansada, siempre estancada, qué flojera!!. No hacer las cosas en su momento trae consecuencias sabías?.
- Si.
- Entonces bancátela!! - y desapareció
Me quedé sola con mi imagen que lloraba igual que yo, no supimos que decirnos; atiné a darme vuelta pero ella preguntó
-¿Alguna vez lograremos vencerla?. ¿Alguna vez podremos disfrutar de las pequeñas cosas y sentirnos dignas de merecer cosas buenas, alguna vez seremos felices?
-No lo sé- le dije llorando, y ambas nos marchamos.