El mundo desde mi pecera

"Dicen que la memoria de algunos peces apenas supera unos pocos segundos. Tiene gracia si vives en una pecera: a cada vuelta, puedes descubrir y descubrir, una y otra vez, el mismo castillo sumergido. También tiene su inconveniente siniestro. La memoria del pez es tan corta que, a cada rato, debe acordarse de respirar. Toda su vida se resume en una infinita sensación de ahogo."

lunes, 20 de agosto de 2012

El baúl de los libros

Fragmentos de "La náusea". Jean Paul Sartre

“La realidad es un presente perpetuo. Presente, nada más que presente… las cosas son en su totalidad lo que parecen, y detrás de ellas… no hay nada”

“Yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de ahí la ironía y tragedia de ese paródico: existo porque pienso.”

“Pero tengo miedo de lo que va a nacer, de lo que va a apoderarse e mí, ¿y arrastrarme a dónde?”

“Siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer.”

“Veo el encadenamiento riguroso delas circunstancias. He cruzado mares, he dejado atrás ciudades y he remontado ríos; me interné en las selvas buscando siempre nuevas ciudades. He tenido mujeres, he peleado con individuos, y nunca pude volver atrás, como no puede girar un disco al revés. ¿Y adónde me lleva todo aquello? A este instante, a esta banqueta, a esta burbuja de claridad rumorosa de música.”

“Ya no veo nada; es inútil que hurgue en el pasado, sólo saco restos de imágenes y no sé muy bien lo que representan, ni si son recuerdos o ficciones.”

“Sueño basándome en palabras. Construyo mis recuerdos con el presente.”

“Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irremplazable y, sin embargo, no movería un dedo para impedir su aniquilación. El último minuto que paso en brazos de una mujer conocida la antevíspera –minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto de amar- terminará, lo sé. Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, y sin embargo, el minuto transcurre y no lo retengo; me gusta que pase.
Y entonces de pronto algo se rompe. La aventura ha terminado, el tiempo recobra su blandura cotidiana. Ahora el fin y el comienzo son una sola cosa. Aceptaría revivirlo todo, en las mismas circunstancias. Pero una aventura no se empieza de nuevo ni se prolonga.”

“Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; ve a través de ellas todo lo que sucede, y trata de vivir su vida como si la contara.”

“Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera. No puedo describirlo; es como la Náusea y sin embargo es precisamente lo contrario: al fin me sucede una aventura, y cuando me interrogo veo que me sucede que yo soy yo y estoy aquí; me siento feliz como un héroe de novela.”

“El pasado es un lujo de propietario. Un hombre sólo, con su cuerpo, no puede detener recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme: sólo quise ser libre.”

“Yo no tenía derecho a existir. Había aparecido por casualidad, existía como una piedra. Mi vida crecía en todas direcciones.”

“¿No sería yo simplemente una apariencia?”

“Cuando el derecho se apodera de un hombre, no hay exorcismo que pueda expulsarlo.”

“Si por lo menos pudiera dejar de pensar. Los pensamientos son lo más insulso que hay, más aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de ellos están las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción. Sigue, sigue y no termina nunca. Yo alimento esta especie de rumia dolorosa: existo. ¡Qué larga serpentina es esa sensación de existir!”

“A veces se me ocurren… no me atrevo a decir pensamientos. Es muy curioso; estoy así, leyendo y de golpe no sé qué pasa, me siento como iluminado. Primero no hice caso, después me decidí a comprar una libreta.”

“Cada uno tiene su pequeño empecinamiento personal que le impide darse cuenta de que existe; no hay una que no se crea imprescindible para algo o para alguien.”

“Náuseas; de vez en cuando los objetos se ponen a existir en la mano.”

“Las cosas se han desembarazado de su nombre. Están ahí, grotescas, obstinadas, y parece imbécil llamarlas: estoy en medio de las Cosas. Sólo son palabras, sin defensa. No exigen nada, no se imponen, están ahí.”

"Un gesto en el pequeño mundo coloreado de los hombres nunca es absurdo sino relativamente: con respecto a las circunstancias que lo acompañan.”

“Ante aquella pata rugosa, ni la ignorancia ni el saber tenían importancia; el mundo de las explicaciones y de las razones no es el de la existencia. Un círculo no es absurdo: se explica por la rotación de un segmento de recta. Pero además un círculo no existe. Aquella raíz, por el contrario, existía en la medida en que yo no podía explicarla.”

“Simplemente, yo no veía ese negro; la vista es una invención abstracta, una idea limpia y simplificada. Aquel negro, presencia amorfa y floja, desbordaba la vista. Pero esta riqueza se convertía en confusión y al fin ya no era nada...









sábado, 7 de julio de 2012

Un arte

Un poema de Elizabeth Bishop sobre el arte… de perder



El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.





Moscas



"José Miguel Corchado tiene el cuerpo lleno de preguntas. Hace años que ha perdido la cuenta de la cantidad de preguntas que lo acosan sin tregua; pero recuerda la tarde en que la primera pregunta entró. Fue en la ciudad de Sevilla, una tarde de sol y aroma de azahares, según manda la costumbre: una tarde como cualquier otra, al cabo de una jornada de trabajo como cualquier otra. Él iba caminando hacia su casa, a través del gentío, solo de una soledad como cualquier otra soledad, cuando la primera pregunta se quedó dando vueltas a su alrededor, hasta que se le metió adentro y ya no salió. Y no lo dejó dormir en toda la noche. Al día siguiente, José Miguel se sentó en una silla y anunció: “Yo de aquí no me levanto hasta que no sepa quién soy”.

Eduardo Galeano

En: Bocas del tiempo
"El amor es una catástrofe espléndida: saber que te vas a estrellar contra una pared, y acelerar a pesar de todo: correr en pos de tu propio desastre con una sonrisa en los labios; esperar con curiosidad el momento en que todo se va a ir al carajo. El amor es la única decepción programada, la única desgracia previsible que deseamos repetir."



viernes, 6 de julio de 2012

"Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, aura y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos o llenan de polvo de oro una habitación o un verso."

— Julio Cortázar





“- ¿Por qué nos hemos quedado ciegos?
- No lo sé, quizás algún día lleguemos a saber la razón.
- ¿Quieres que te diga lo que estoy pensando?
... - Dime.
- Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos.
- Ciegos que ven
- Ciegos que viendo, no ven.”


Ensayo sobre la ceguera, José Saramago


sábado, 24 de marzo de 2012

Memorias de una empleada hospitalaria.

   Cada pequeño espacio es un mundo propio, y el hospital es un mundo aparte, con sus reglas de juego y sus mecanismo de ataque y de defensa. Me dijeron una vez "o te adaptás al sistema o te vas", ni una cosa ni la otra. El hospital sacó lo mejor y lo peor de mí, aprendí que no soy tan buena de lo que creía y que puedo defenderme ante situaciones de ataque, y saqué fuerzas donde creí que no existían y me redescubrí; para eso creo que sirven todas esas persona que viven buscando la manera de hacerte la vida insoportable en el trabajo, son pruebas a tu fortaleza de espíritu, a tu paciencia, a tu madurez. Siempre hay que medir a tu enemigo y saber a quién vale la pena responderle o no. Hablando así pareciera que el hopital es un ring de combate y en cierta forma lo es. Luchamos contra el sistema contra la mediocridad, contra nuestros propios compañeros y contra nosotros mismos.
    Hoy me reintegré y fué tan feo sentir la mediocridad corriendo en mis venas al volver a la monotonía del trabajo, realizando las mismas tareas, los mismos movimientos, viendo las mismas caras, que aunque sean buena gente, son las mismas caras, y te pican los pies por salir corriendo de ahí, correr como loca, porque sentís cómo el hospital te devora, te transfoma en un animal de costumbre, te desgasta y terminás por resignarte, por bajar los brazos, por dejar de luchar.
    Hoy me reintegré y quería irme, abandonarlo todo por un mínimo cambio, por un aire que no huela a podredumbre, por paredes que no lloren, por pisos que no griten de suciedad y de miedo, por un minuto sin la muerte rondando por los pasillos.
   Cada lugar es un mundo propio, cada persona lo es, y es tan difícil no fagocitarse con la chatura mental que te persigue sabiendo que somos presa fácil, conociendo nuestras debilidades, utilizandola para beneficiar a los más "fuertes", y cómo lo hace?, lo hace a través del sistema que premia la vagacia y la mediocridad y castiga el trabajo duro con más trabajo o con mayor persecución; y al final de tanto trabajar viendo a los de brazos caidos salir beneficiados uno termina por sentirse un tonto, y cuando llega ese momento, el momento en que uno decide dejar de trabajar a todo su potencal y seguir el camino de "los otros" trabajando lo mínimo indispensable, ahí es cuando la mediocridad se apoderó de vos y es tan difícil salir que terminás convirtiéndote en uno de ellos, o aislado totalmente, o con crisis de stress por aguantar las ganas de poner en su lugar a más de uno, por la impotencia que produce ver tanta negligencia, tanto abandono, tanto desgano...
Hoy me reincorporé y encontrarme con todo esto de nuevo me hizo pensar, ¿habrán tenido razón cuando me dijeron que o me unía a la mayoría o me iba? No sé, sigo creyendo que puedo contra el sistema, o por lo menos sigo creyendo que no soy presa de la mediocridad, pero eso mismo piensan todos los mediocres, quizás ya es tarde, quizás ya soy una de ellos...